Una excusa para conmoverse: Shame en Niceto Club
- Gianfranco Barrera
- 20 jun
- 3 min de lectura
En general las esperas siempre resultan largas para los fanáticos, ni hablar cuando se trata de proyectos que cambian por completo a una escena no solo en su país sino a nivel mundial. Por esto mismo, que hayan pasado casi 10 años desde la irrupción de Shame en la escena del Reino Unido y forjando lo que hoy conocemos como la escena del Mindwill y que sigan vigentes, siendo una de las bandas más representativas hasta este momento de su respectiva escena es un caso para tener como ejemplo.
Ni hablar que resulta casi como un sueño escribir en este momento que Shame por fin hizo su debut en Latinoamérica, llevándolos por México, Perú, Chile, Sao Paulo y finalmente en Buenos Aires donde dieron uno de los shows más intensos y potentes que se vivieron en este 2026.

La apertura estuvo a cargo de Miedo Puro que desde La Plata venían a presentar uno de los discos más interesantes del año pasado y que pudieron desplegar con la oscuridad y sensibilidad que los caracteriza en un show más que a la altura de la noche que se avecinaba.
Luego de 10 años de espera, una de las bandas fundamentales para entender la escena windmill se hizo presente en nuestro país: Shame derrocho energía, sentimiento y potencia propios de una aplanadora ante un Niceto Club que los esperaba ansiosamente.

Presentando las canciones de su más reciente disco Cutthroat lanzado el año pasado, la banda inglesa dió cátedra de su virtuosismo y efervescencia en un set que repasó los himnos de su catálogo y hizo del club una caldera emocional en pogos que parecían contagiar de una vehemencia que solamente nuestro público podría darles.
Antes de arrancar la banda ya había empezado a cocinar a fuego lento su encanto poniendo de fondo Vencedores Vencidos de Patricio Rey minutos antes de salir al escenario, gesto que lejos de verse como forzado, mostró el amor que tiene el grupo por la música y el respeto que tienen por el público presente.
La seguidilla inicial resultó letal con Axis of Evil, Concrete y Tasteless como las encargadas de abrir la noche con un público que, como mencionaba anteriormente, se encontraba cegado ante el suceso que estaba ocurriendo ante sus ojos y no encontraban mejor forma de expresarse que encontrarse entre saltos, gritos y lágrimas que se fundieron a lo largo de la noche.

Con un cariño y respeto que eran palpables en el aire, el proyecto liderado por Charlie Steen se mostró en todo momento agradecido por la espera y en especial por el recibimiento que tuvo el público desde el minuto cero con canciones como Cowards Around o Six Pack como ejemplos de esta entrega total.
Por lejos de los momentos más emotivos de la noche fueron con canciones que aunque distaba de serlo, provocan en el público una suerte de desahogo por los años que pasaron y los momentos difíciles que seguro acompañaron como Born in Luton o Water In The Wall, mientras que Adderall fue sin dudas donde la unión y las lágrimas se hicieron uno, sumado a la calidez que se veía en cada ronda de pogo, en todo el público había un sentimiento en conjunto de no querer que terminara jamas la noche.

Llegando al final aparecieron los últimos chispazos de efervescencia por parte del público con Spartak y Snow Day, mientras que también hubo lugar para las sorpresas como Dust on Trial, la aparición de su himno máximo llegando al final One Rizla y despidiéndose con la frenética Cutthroat, el proyecto se despedía de su público con la promesa de volver pronto y agradecidos por hacerlos vivir una de las noches más intensas de este año.
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