Apagar los focos en el escenario principal: Lost Weekend de Phoebe Bridgers
- Gianfranco Barrera
- 26 ago
- 5 min de lectura
¿Cómo se sentiría pasarla tan mal que, en el mejor momento de tu vida a nivel profesional, decidieras salir del reflector y tomarte un tiempo lejos de los escenarios? Aunque pareciera algo lejano, esto es un poco, en resumidas cuentas, lo que le anduvo ocurriendo a Phoebe Bridgers a lo largo de los últimos años y en su tercer material de estudio, vuelve con la misma crudeza y sensibilidad que la caracterizó durante toda su carrera a traernos Lost Weekend, posiblemente su obra más íntima e introspectiva hasta el momento, donde se muestra a carne viva con su prosa letal y unas vocales desgarradora, un poco de lo que fue ocurriendo en su vida.
Para entender esta obra resulta sumamente importante entender el contexto en el que es gestada: Phoebe Bridgers luego de lanzar Punisher en 2020, se volvió una de las artistas más importantes del mundo, algo que revalidara con su participación en el Eras Tour de Taylor Swift, confirmando su romance con Paul Mescal, volviéndose una de las parejas más comentadas de ese momento y luego del suceso que resultó el debut de Boygenius, el supergrupo que formó con Lucy Dacus y Julien Barker, Phoebe decidió salir del ojo público casi de manera repentina tomándose un descanso luego de años donde una pérdida personal cambió por completo su percepción de lo importante en la vida.

Lost Weekend aborda tres elementos cruciales en la vida de Phoebe Bridgers: el duelo por la pérdida de su padre, mostrándose mucho más abierta a contar sobre la relación que ambos tenían, como también el final de su relación con Paul Mescal, su ex-prometido, reflexionando también sobre su exposición mediática y finalmente la falta de conexión con el público, por sobre todo por la cercanía que tenía al ser una artista de culto que tocaba en pequeños escenarios y ahora, se encuentra ante públicos masivos que no buscan conectar con ella.
La artista abre con una pieza anómala en su catálogo, con una voz casi carente de sentimiento donde los efectos en su interpretación parecieran disociarse de su propio cuerpo y en especial de su realidad, como si fuera una especie de mecanismo de defensa, que antes la protegía del dolor que conlleva mostrar sus sentimientos y que hoy, pasado este tiempo de duelo, la lleva a la imposibilidad de poder conectar desde lo emocional con alguien, haciendo de su propio escudo un arma de doble filo que ahora, juega en su contra. Casi de manera inmediata aparece el primer y único adelanto de este trabajo titulado Lost Boys, una pieza que busca jugar con varios temas distintos que también se veran atravesados a lo largo de todo el viaje que tiene Phoebe: desde la aceptación de la adultez, hasta la pérdida de la inocencia con el paso del tiempo, la violencia como una forma de demostrar cariño y una exploración a otros ritmos de parte de la artista donde los sonidos élficos y medievales, resultan refrescantes para su catálogo.
Mientras que canciones como Kill Me demuestran el nivel superlativo de la artista tanto a nivel lírico como performativo, donde aborda el paso del tiempo, influenciado por la pérdida de su padre, la posibilidad de enamorarse y volverse vulnerable nuevamente, con lo que eso conlleva y por sobre todo el deseo de desaparecer se vuelve cada vez más grande, algo que se ve reflejado en el final catártico y efusivo que resulta en una de las mejores piezas de todo el disco. Por otro lado, The Governor’s Waltz nos muestra a la artista en el mejor momento de toda su carrera y que, a pesar del éxito y los galardones, siente una fuerte desconexión con las personas que se encuentra, en los lugares inmensos donde esta tocando, como personas que ni la conocen juran tener una relación cercana con ella y la hacen sentirse una impostora dentro de su propia vida, de su propia carrera y esto es algo que va a resonar en próximas piezas del disco.

Canciones como Bobby resultan algo único en el catálogo de la artista porque la muestran feliz; esto puede sonar exagerado, pero encontrarla en esos pequeños momentos de felicidad, relatando con dulzura y ternura sobre un amor que apareció de repente y que le trae solamente buenas cosas a su vida, hasta mencionando detalles de su relación y la complicidad que formaron en tan poco tiempo. Resulta de mínimo curioso como en la siguiente canción, la que le da título al trabajo, gira en torno al final de una relación amorosa marcada por el resentimiento, un compromiso que no resultó por distintas razones y por sobre todo la dificultad de perdonar a alguien que hizo cosas que realmente te hicieron daño, contrastando con la canción anterior.
Siguiendo con las ganas de dejar el pasado atrás, en Hauted, Phoebe nos narra sobre la necesidad de seguir adelanté, mantenerse fuerte e intentar no recordar constante a alguien que dejó los recuerdos marcados a flor de piel y pareciera una mezcla entre la pérdida de un ser querido y a la vez la separación de alguien que considerabas un alma gemela. Mientras que en Panorama, el clima se calma, el calor se siente en el cuerpo y la artista nos recibe en un pequeño cuarto que sirve como contención ante el caos y confusión del mundo exterior, sirviendo para tomar aire y tomar perspectiva de lo que le estaba ocurriendo.
La relación con su padre es retomada en la reflexiva Still Standing, donde piensa sobre la compleja y tensa relación que tenía con su progenitor, tanto por su carácter abusivo, como por el cariño que le demostró en sus peores momentos, mostrando la contradicción de hacer el duelo por una persona que no estás del todo orgullosa de extrañar. Mientras que el pasó del tiempo y la inseguridad por el nuevo amor, a mostrarse vulnerable otra vez y a confiar en alguien se ven en otra de las baladas del disco Liberty Tree.

El duelo pareciera consumarse en Never Going Back! donde acepta lo que ocurrió, sin castigarse por no haber estado más tiempo o haberlo evitado de alguna manera, porque el pasado ya no se puede cambiar y lo único que sí podemos cambiar es lo que está por venir, con una guitarra acústica que se siente sumamente catártica. El amor sigue tomando un lugar central en el trabajo, donde en Other Plans, el duelo por esta pareja que no funcionó también pareciera consumarse y aceptando que a pesar de que la han pasado bien por momentos, cada uno ha tomado su propio rumbo.
Lost Parade resulta el respiro necesario del trabajo, donde con una instrumental bien trabajada, la artista nos conduce al final de su viaje con I Can’t Wait y As Above It: dos canciones en la artista reflexiona sobre el paso del tiempo, la mortalidad y su efimeridad y por sobre todo la aceptación de la vulnerabilidad como algo valioso, dando así la pincelada final con Lost Weekend (Reprise) donde Phoebe hace las paces con la difícil relación con su padre, aceptando que no puede cambiar nada del pasado y que solo puede romper ciclos familiares, aprender a perdonar y abrirse mucho más con las personas, porque ser vulnerable es la más valiente de las espadas.
En este trabajo la artista se muestra más humana que nunca, dejando en claro todo lo que le estaba ocurriendo a lo largo de los últimos años con su prosa letal y en un compendio de canciones donde desglosa un abanico sonoro que sorprende hasta al más fanático del proyecto, viendola en su mejor momento y por sobre todo, lanzando lo que es hasta ahora su mejor trabajo hasta la fecha.
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