Reinventarse en medio del caos: The Mirror Weighs a Ton de Interpol
- Gianfranco Barrera
- hace 2 días
- 4 min de lectura
Los 2000's nos han dejado bandas que marcaron una forma de hacer canciones, reviviendo algunos sonidos que marcaron sus formaciones y dando una vuelta a un formato de música con el que crecieron, es tanto así que el rock de la década de los 2000 se veían un abanico de bandas que ofrecían distintos sonidos y que, con el pasar del tiempo, nos dimos cuenta cuáles fueron las más influyentes y las que se pudieron sostener en el tiempo.
El caso de Interpol siempre me sorprendió, tanto por su extenso catálogo, como por su constancia a lo largo de los años, siendo su debut Turn On the Bright Lights, lanzado en 2002, se convirtió en una de las obras más significativas de su época y que hasta el dia de hoy resuena en muchas personas. El legado de Interpol no quedó ahí y sus discos posteriores (Antics de 2004, Our Love to Admire de 2007, el homónimo de 2010, El Pintor de 2014 y Marauder en 2018) siguieron incrementando su mística, profundizando en su sonido y añadiendo más matices a lo que es una banda que ya pasó los 20 años de trayectoria.

Por esto mismo, el revival que sucedió después de la pandemia y como muchos jóvenes empezaron a conectar con las canciones de la banda, se volvió una excusa perfecta para la banda de Nueva York para poder tomarse un tiempo para contemplar el panorama actual del proyecto, aprovechando para reconfigurar y plantearse genuinamente ¿Qué es lo que sigue? Porque si, Interpol no tiene nada que demostrarle a nadie, es una banda longeva y que sigue activa con nuevos lanzamientos constantes, pero creo que The Mirror Weighs a Ton es una demostración a ellos mismos de que aún pueden entregar grandes canciones sin buscar repetirse.
En este escenario llega su octavo disco de estudio, posiblemente en su mejor trabajo en la última década, Interpol reflexiona acerca de su legado, el paso del tiempo y busca, por sobre todo, no repetirse encontrando nuevos matices en su sonido para volverlo aún más elegante y sofisticado, sin perder el espíritu que caracteriza a la banda.
Muestras de esto hay de sobra y se pueden escuchar en las dos canciones que abren el trabajo, la que le da título al disco, encuentra a la banda bajo un ritmo meditado y hasta íntimo, mientras las vocales de su líder se fusionan con coros oníricos, que construyen un clima único y que introducen al escucha en esta nueva faceta más introspectiva de la banda. Algo similar ocurre en See Out Loud que, a pesar de su notoria intensidad, encuentra al proyecto experimentando en nuevos sonidos incluyendo sintetizadores y coros mucho más extensos, que se cocinan con el tiempo justo, sin buscar el hit, sino en hacer grandes canciones.

Elementos como los arreglos de cuerdas, los pasajes más íntimos y calmos y por sobre todo, la cocción a fuego lento en varias de sus canciones, Interpol demuestra porque es una de las bandas más importantes de su generación y que aún en día tiene mucho para ofrecer: canciones como Iron City, Ever The Actor o Darling Thoughs se ven envueltos en un clima melancólico, sumamente íntimo y especial que pareciera ver al proyecto en uno de los mejores momentos en sus últimos años, haciendo la música que quieren hacer, sin ninguna presión ni condicionante.
Resulta cautivador como canciones que podrían ser tranquilamente de otro momento de la banda como Wounded Soldier, Wings of Fire que tranquilamente podrían pertenecer a la era de El Pintor o So Rides of Reindeer y Wake Up que me hacen recordar a su tercer trabajo de 2007, logran tener elementos que las hacen distintas a otras piezas de la banda, tanto por el trabajo de batería excelso de Sam Fogarino que aunque ausente en su actual gira, sigue siendo el baterista de la banda en estudio, como esas guitarras letales y siempre efectivas de Daniel Kessler, como también por la construcción de melodías de Paul Banks que se encuentra en uno de sus mejores momentos, hacen que este octavo disco se sienta tan fresco y emocionalmente vivo por sobre todo.
Si todo el viaje que propone la banda está cargado de emoción, siento que el final del mismo es el punto más alto del trabajo, tanto por el clima tan único que logran construir en un escenario casi onírico y asfixiante en Enemy, como en la impecable Bird and The Serpent, la canción más extensa de todo el disco que logra construir su escenario con suma paciencia y precisión que logra terminar de quebrar a cualquiera en su final y dejando el clima ideal para el cierre más potente que escuche de la banda en muchísimo tiempo con Sudden donde la voz distorsionada de Paul Banks se fusiona con un teclado que es tocado con tanta sencilleza y sentimiento logra cerrar de manera perfecta el mejor disco de la banda en muchísimo tiempo y eso, siempre es algo para festejar.
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