El estado lisergico del ánimo: Marchitorial + Deep Theo en Strummer
La noche del viernes es traicionera, uno puede pasar de salir del trabajo a embarcarse en un ritual sin calma. Y las noches del under tienden a ser algo de eso. Al llevar a alguien que nunca piso un show a antros como estos se muestran las realidades de las que uno está inmerso y en el costumbrismo no se da cuenta. Mi hermano fue iniciado en la categoría por primera vez y que mejor noche mágica para ejemplificar que una de las bandas revelación del ambiente y una ya un tanto consolidada con un disco nuevo impresionante.
Llegamos justito para ver a Deep Theo, con su oscuridad, su saxo, su parafernalia y su locura. A veces llegar a los lugares necesarios para encontrar el alma cuesta pero en este caso fue instantáneo. Una banda con la solidez y la precisión de este conjunto que coincide en un montón de variantes musicales como el postpunk, el punk, hasta cosas que remiten a Morphine o a The Fall hacen que uno quede con la boca abierta ante la inmensidad.

Luego llegó el turno de Marchitorial, provenientes de las calurosas tierras marplatenses. La presentación en Buenos Aires de Loosh, su último disco, contó con muchos chiches. Sin salirse de su música rápida y con tintes oscuros, Loosh es un trabajo un tanto más adulto que Pempal, que contiene un disco más apoyado en algunas problemáticas que hoy ya son más comunes siendo que uno va transitando.
La presentación contó con varios de los temas de la reciente placa y con algunos de sus ya clásicos. "Mi novia Skinhead", "Ilusión", "En desorden", "Mi vida como un espectador" fueron algunos de los temas que adornaron una noche impecable sin dejar de sonar clásicos como "Paraísos mentales" o "Dónde están tus amigos?".

Loosh nos remonta a los primeros lanzamientos de bandas como Sonic Youth. Suenan sucios, pesados, sinceros, reales, viscerales. Marchitorial es un combo de sustancias del rock que difícilmente son comparables a la escena actual pero que se amalgaman de una forma impresionante.
Ninguna banda suena a Marchitorial pero todas tienen algo de ellos, es por eso que cada vez que vienen a visitarnos a Buenos Aires llenan dónde sea que toquen, porque la gente que va sabe que se va a ir con los bolsillos llenos de rock y el corazón estallando de locura. Eso note en el debutante en el mundo: Me preguntó cuando podíamos volver. Y creo que ahí sigue estando la grandeza de aquellas nochecitas que para nosotros son más normales pero que siempre terminan volandonos la cabeza y dándonos de beber de las mieles de la música emergente pidiendonos que volvamos todos los fines de semana a sentir ese cosquilleo en la panza mientras hacemos la fila para ingresar a nuestro lugar en el mundo.
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