Un gran capítulo bajo el mar: Tanya en el crucero de Juana Rozas
- Gianfranco Barrera
- 1 may
- 3 min de lectura
Si hablamos de una de las figuras más representativas del sonido del 2025, tenemos que hablar sin duda del suceso cultural que resultó “Tanya”, el fantástico segundo disco de Juana Rozas que sorprendió por su experimentación y gran variedad de paletas sonoras, volviéndose una de las principales referentes del nuevo pop nacional. Por eso mismo sorprende que a menos de un año de su lanzamiento ya tengamos entre nosotros al sucesor de esta obra en el mismo universo y por fortuna, la misma protagonista con “Tanya en el crucero”, un EP compuesto por 6 canciones que expanden el mundo del personaje y muestran una aspecto mucho más sofisticada del mismo.

Sin repetir la fórmula, Juana Rozas presenta una nueva faceta de Tanya llena de ostentosidad, con un sonido mucho más cuidado y lleno de glamour, con arreglos de cuerdas que invita a bailar en la pista, dejando atrás su lado más autodestructivo y demostrando unas fuertes ganas de celebrar como lo hace en Capitán, la canción que nos introduce a este nuevo mundo donde con el mar de fondo, se queda maravillada por lo sensacional de la experiencia y quiero festejar como si no hubiera un mañana. Aunque los versos iniciales no indican que estaría del todo bien la situación con “Fantasía de crucero / Tragos gratis en el cielo / Navegando inconsciente / No es un chiste, es en serio”
Este sonido y energía sigue en Botones, su colaboración con Juliana Gattas que fogonea el descontrol y la irresponsabilidad cegados por la lujuria y las ganas de que un afortunado pueda desabrochar lo que queda de su ropa con una dulzura y ritmo que resulta encantador, pero aun asi siguen apareciendo elementos que expresan el mundo que se nos presenta no es del todo ideal como plantea en un principio con versos como “Si me ves llorando no es tristeza / Es que estoy esperando el protocolo en la cubierta” y es algo que se confirma en El Plan que con un sonido mucho más lúgubre, denso y oscuro en su inicio, dejándose llevar por el goce y por las ganas de llevarse a su camarote hacia la mitad de la canción, invitando al caos y el descontrol total en un final donde el ruido se vuelve total protagonista.
El cambio de estilo es total llegando a Splash, la segunda colaboración del proyecto en este caso con Six Sex, donde resulta una competencia que resulta hasta sangrienta por la atención de un dichoso mientras el caos de fondo, anticipa un choque que a esta altura del partido es inevitable pero hasta que llegue, hay que disfrutar cada instante. Llegando al final, aparece una de las mejores canciones del proyecto y de la artista en general Quisiera chocar despacio una pieza que se va cocinando a fuego lento, como los mejores platos y que entre un ritmo lento pero continuo, la voz de Juana se vuelve hipnótica en la oscuridad de un telón oscuro, donde le propone a un afortunado que ella puede reemplazar a todos los que quiere, que no necesita más que ella en medio de una unión corporal que llega a su clímax final, en su mejor momento y el que tanto se hizo desear.

Sin mediar palabras, los reflectores vuelven al glamour, a lo puro del sentimiento y a las ganas de hacer un espectáculo con Fantástica mientras los gritos de fondo invitan a pensar que el choque ya ocurrió y este es el acto final, por eso a esta altura me pregunto ¿Importa si lo que Juana nos narra es lo que está ocurriendo verdaderamente con Tanya o es una simple alucinación cegada por las ganas de ser un estrella? La realidad es que eso es lo de menos, porque el objetivo está más que cumplido: ampliar y dar una segunda vida a un proyecto que resultaba casi perfecto, dándole una vuelta magistral ambientandonos en un crucero que estaba destinado a chocar pero que, fue divertido mientras duró. Lo que me queda en claro es que lo que viene para Juana Rozas va a ser aún más grandioso que esto, porque si hay algo que le demostró a todos en estos años es que siempre tiene un as bajo la manga y ojalá podamos ver más de Tanya en el futuro.
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