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Un gran cancionero nacional: Nuevos Años Locos de Elena

Los primeros pasos en solitario para cualquier persona siempre son difíciles, no importa la trayectoria que hubo anteriormente ni tampoco la compañía que tengas en ese momento: siempre es complicado empezar un camino nuevo y esto es algo que también le ocurre a los artistas, que a pesar de estar afianzados en otros proyectos, buscan explorar otras aristas dentro de su repertorio compositivo y como es en este caso, mostrar nuevas facetas propias de una cantante que hace años viene siendo de lo más particular de la escena nacional. 


Elena Radiciotti, cantante y música en Isla Mujeres y Fonso y Las Paritarias, se aventura como solista en un proyecto bisagra en su carrera titulado Nuevos Años Locos, en el que relata sus años veinte, atravesando situaciones personales, los primeros amores, miedos ocultos, inseguridades y distintas cuestiones propias de sus contemporáneos y pares, a lo largo de las 9 canciones que componen un disco que retrata a toda una generación. 



El disco abre con Mi Generación, una pieza que retrata los tiempos que estamos aconteciendo, desde la perspectiva de una persona que mira desde un costado con suma atención una escena que retrata una calamidad próxima ocurrir con un coro atravesado por guitarras distorsionadas y melodías que resultan encantadoras: “Todos piensan que me aburro como un chico / Pero solamente soy una más de mi generación / condenada a las pequeñas historias y a la poesía de lo personal” dejando en claro que lejos de notarse como alguien singular, es una más y que a partir de su lírica, puede retratar con fidelidad nuestros tiempos. Algo similar ocurre en la canción que le da título al disco Nuevos Años Locos junto a Fonso en el que relata con una melodía alegre y pegadiza, la travesía que conllevan el paso del tiempo, en su forma de ver el mundo, sus relaciones y como todo cambia, en un dúo que siempre resulta encantador, como la primera vez.


En estas canciones encontramos una constante que se repetirá a lo largo del disco: una fuerte impronta cancionera, donde los estribillos se sienten como algo que quedará marcado en alguna parte del oyente, al igual que las letras que se sienten vivas, actuales y que en especial no miran hacia un costado, afrontando la incertidumbre con un compendio de instrumentos finamente orquestados y una voz que resulta sumamente cercana. Esto es algo que ocurre en canciones como Llanura donde nos relata un viaje íntimo en la ruta, donde las guitarras espaciales son acompañadas por un ritmo en la batería casi quirúrgico entre versos que resultan hasta confesionarios como en “Y todos los dias pienso en irme, pero no puedo”, al igual que en Lista de Objetivos donde recupera su espíritu más alegre en compañía de María Alegre, en el que cierta timidez, relata una fiesta de fin de año donde observa a sus pares y piensa en hacer una lista para su próximo año, para poder cambiar, como si fuera algo que ocurre de un dia para otro.


El ritmo más medido vuelve en Hundirme en la arena, otra pieza bastante introspectiva en la que con una cadencia mucho más lenta y dándose lugar a experimentar con elementos mucho más arraigados al trip hop, nos propone un viaje denso entre una batería que golpea exactamente donde tiene que hacer, al igual que el bajo que resulta hipnótico. Algo similar ocurre en Conexxxion, otra pieza que se centra en la búsqueda de conectar con alguien mas, de mirar a alguien a los ojos y sentir algo, sea lo que sea, de la manera más pura y real que pueda ocurrir, haciéndose algunas preguntas entre medio “¿Sientes alguna conexión? ¿Buscas conexión?” sintiéndose como uno de los momentos más únicos de todo el proyecto. 



Las sorpresas siguen llegando con Malas Intenciones, que en el compendio de canciones se siente muy particular, donde por ciertos trayectos se construye un clima íntimo y cercano, mientras que llegando a su coro, la emotividad explota acompañada de instrumentales finas y la voz de Elena como el factor principal. Llegando al final, aparece Pleitesía  donde un sintetizador hipnótico, nos abre las puertas de una habitación a la que casi nadie tuvo lugar y donde a pesar de su brevedad, se siente otro de esos momentos que nutren al disco de una distinción muy particular, cerrando con Redimirte que concluye con el mismo nivel de intimidad y cercanía que se venía tratando en las últimas canciones, con la voz como el factor principal y no por consecuente, sacándole importancia a instrumentales bellísimas que por momentos se vuelven etéreas y una lírica propia de una artista que a esta altura resulta generacional. 


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